Al sol, a la sangre, al humo y a la felicidad en general.

agosto 18, 2011

Las noche es absurda, como una colisión de luces.
La garganta es la luna y las estrellas bocadillos.
Son barcos los pasos atolondrados de mi marcha.
Es la nocturna escena la que me mantiene alerta.

Un pentagrama inconcluso me recuerda al cielo, con la espuma desbordante de sus nubes de media tarde.
Se me acercan las sombras que se hacen en las paredes y yo las ignoro con imperturbable decisión...

Pasan a mi lado los buitres de los sueños.
Cosquilleo d mi garganta congelada.
Son mis latidos el compás de patrones indiferenciados que corren por mi lado.
Velocidad espeluznante.
Retiro circunstancial de mi presencia vacilante.
Veneno, siempre veneno. Como si las cañerías rancias de mi humanidad no supieran de otro fluido. Oscuridad y trémula visión del universo. Plagas de insectos subiendo por mis brazos, incrustándose en mis poros, dejando sus patas quebradizas en el río de mi sangre.
Desconfío de las sombras, he aquí la verdadera semblante de mi persona agria y torpe.
La desconfianza y el miedo, pócima infaltable en mis embrujos suicidas.
Pusilánime niña de maneras sumisas y terrible recelo.
Suprimir más de la cuenta, transformarme en otras.
Dejar escapar a la agitada bestia que descansa en silencio y DESTRUIRLO todo, dejar todo en ruinas, gritar desde dentro las más aberrantes locuras.
Incrédula niña tonta, insaciable apetito de demolerme.
Volverme tierra y desaparecer en el viento.
Extraviarme en mis ojos cada vez más grandes y eternos.
Un último aliento. Una última ola antes de dejar de ver el cielo.

agosto 15, 2011

Reclamar a los astros por tanta ausencia de motivos.
Divagar borracha por las pesadillas de quien ha sido torturado por el abandono.
Y la dulzura tenue que extraía de mis memorias de niña, quemarlas junto a las palabras que no debieron ser escritas.
Proclamar ser un mártir y morir por serlo.
Extraviar la coherencia en el cajón cerrado de mi mente.
Ahogarme en el charco que forma la tempestad de mi propia verguenza y asco. (Goterones ácidos y corrosivos que caen despacio donde más duele)
Siniestra la idea, tembloroso el pulso, esquiva la mirada pero determinada la voluntad, esa antigua, esa de quebrar los cristales de las catedrales internas de mi misma.
Correr desesperada por los caminos incoherentes de estas lineas que me salen solas.
Pasear por el reverso de la palma de mi mano.
Y en la suavidad de mis húmedas mejillas, estallar en llanto desenfrenado, en tormentosos gritos angustiados que dejo escapar por el espacio que hay entre la puerta y el piso; invitando a pasar al viento. Invitando a pasar el viento.

agosto 11, 2011

Si me ves triste, no te preocupes es la falta de vitaminas.
La falta de gracia e ímpetu de espíritu, los ojos hinchados y los labios dulces de lágrimas.
En mi pecho estalla el infinito cielo grisaseo de la cuidad acelerada, en mi cabeza marchan los ruidos de la congestión urbana.
(Y me sorprendo a mí misma, relatándolo en cámara lenta, doble dosis de lisérgica nostalgia...)
Y mi boca que no produce sonidos, mis cuerdas vocales oxidadas, gastándose en las cañerías antiguas de mi estructura ósea. Y mis oídos que escuchan susurros en vez de voces e idiomas extranjeros en vez del propio.
Mi piel otoñal que desconoce el invierno y mira con recelo tras la ventana de una micro, mi piel otoñal que se eriza en tu nombre y se destiñe en el día. Mi piel que no resiste golpes y se amorata tan fácil, mi piel que me abriga poco y me hace lucir cansada, mi piel rasgada como terciopelo de burdel barato... Mi piel y la tristeza que no es tristeza si no falta de vitaminas.

agosto 08, 2011

Sueños de muertes. Las personas que más me importan están siendo despojadas de sus vidas y yo lo presencié todo en primera fila. Encerré al que lo hizo y caminé llorando y con frío por las calles que solían visitar mis pies.
Llamé a quien más amo, acudió a mi rescate.
Bajé por escaleras que parecían no tener fin y recuerdo palabras de gente que ahora está muerta, recuerdo sus ojos aún con brillo clavados en los míos, repitiéndome frases que no olvidaría nunca.

Despertar desolada, con el dispositivo para volar roto, con las naves descompuestas.
Despertar despeinada en medio de una estructura en caos.
Sentir mis vísceras, sentir los latidos en mi cabeza.
Sentir la desesperanza de quien está encerrada y confinada a su suerte de hipócrita, a su energía que ahuyenta, energía mal entendida y tergiversada por entes, quienes al hacer el bien destruyen hasta mis cavilaciones. :(